En un país donde hay más de 850.000 personas mayores de 80 años que viven solas, debe existir un compromiso conjunto de la sociedad para garantizar la calidad de la atención y el acompañamiento a estas personas con vulnerabilidad. La soledad es cada vez más prevalente en el mundo occidental. En España, el 28,8 % de las mujeres mayores y el 14,7 % de los hombres mayores vive en soledad. Por tanto, afrontar el envejecimiento requiere de un reenfoque de las políticas, de los modelos de atención y de la conciencia social, que debe recuperar valores de cuidado.

La Fundación Europea para el Estudio y la Reflexión Ética (Funderética) y el Centro Residencial Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Granada organizaron el pasado 14 de noviembre el V Encuentro Ética y Sociedad bajo el título Planificar el futuro. ¿Cien años de soledad? El encuentro, celebrado en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, dentro del XII Seminario Internacional de Biomedicina, Ética y Derechos Humanos, propuso una reflexión a los profesionales asistentes y a la sociedad en general sobre el aumento progresivo de la soledad no deseada que sufren las personas mayores, agravada en los últimos años por el envejecimiento de la población.

El V Encuentro de Ética y Sociedad estuvo moderado por Ana María Marcos del Cano, catedrática de Filosofía del Derecho y directora del Departamento de Filosofía Jurídica de la Facultad de Derecho de UNED, que apeló a la “necesidad de dar un horizonte y sentido a la vida, porque tenemos muchas más dimensiones que las meramente físicas y químicas y que van más allá de nuestras conexiones neurológicas”.

Estimulación cognitiva
Estefanía García Zamora, neuropsicóloga, ayudante de  investigación en el Departamento de Psicología Experimental, Procesos Cognitivos y Logopedia de la Facultad de Psicología UCM, inició las intervenciones de los expertos convocados.

Bajo el título “Soledad y envejecimiento, cambios cognitivos relacionados con el aislamiento”, la ponente señaló que el proceso de envejecimiento lleva consigo deterioro en diferentes capacidades cognitivas: “A medida que cumplimos años nuestro cuerpo cambia. No sólo lo notamos en la piel o en los huesos. El cerebro también acusa este proceso mediante cambios en el peso y volumen cerebral, en su metabolismo, etc., que repercutirán sobre el funcionamiento cognitivo. De esta forma, podemos observar que con la edad se produce un enlentecimiento generalizado a la hora de procesar la información o de elaborar una respuesta, que existen mayores dificultades en situaciones en las que hay mucha información simultánea (por ejemplo, cuando hay conversaciones cruzadas), dificultades para acceder al léxico y nombrar los objetos, lugares o personas que pretendíamos (el famoso fenómeno de “tenerlo en la punta de la lengua”) o más dificultades para resolver tareas de cabeza igual de rápido y eficazmente que lo hacíamos años atrás”.

Sin embargo, el aislamiento y la soledad a la que muchos mayores se ven enfrentados repercuten negativamente, favoreciendo el desarrollo de un envejecimiento patológico, afectando a la cognición.